«La excelencia divina y la gloria de Dios, Jesucristo, la Palabra de Dios, las obras de Dios, los caminos de Dios, etc., son la razón principal por la que un santo ama estas cosas, y no es algún supuesto interés que tenga en ellas o algún beneficio concebido que haya recibido de ellas, o alguna relación imaginada que tengan con su interés.»
Jonathan Edwards, Los afectos religiosos (Lima: Teología para vivir, 2023), 221.