Nuestro Credo

  • Esta Iglesia, como consecuencia de su carácter confesional, fundamenta su actuación en los siguientes principios proclamados y doctrinas que considera Doctrinas Fundamentales las cuales deben ser aceptadas por todos sus miembros e inspirar sus acciones.

    Los cristianos evangélicos aceptamos la Revelación de Dios único como Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo, dadas en las Escrituras del Antiguo Testamento y del Nuevo Testamento y confesamos la fe del evangelio que se proclama en sus páginas.

    Afirmamos, por consiguiente, las doctrinas que consideramos decisivas para comprender la fe cristiana y bíblica, que se deben expresar en amor, en el servicio cristiano práctico, y en la proclamación del evangelio por medio de este Credo:

  • 1. Dios y sus atributos

    Creo en un solo Dios, el único viviente y verdadero (1). Existe por sí mismo, es infinito y eterno en su ser y perfecciones, todopoderoso, omnisciente y omnipresente (2). Solo Él es santo (3), inmutable (4), sabio (5), absoluto, soberano y que hace todas las cosas según el consejo de su propia voluntad y para su propia gloria (6), la cual no comparte y sólo Él merece (7). Dios es juez de todo y justo en sus juicios (8). Aborrece todo pecado y de ninguna manera dará por inocente al culpable (9). También Dios es amoroso (10), fiel (11), benigno, bondadoso y misericordioso, perdonador de toda iniquidad, transgresión y pecado (12), galardonador de todos los que le buscan con diligencia (13).

    (1) (Dt 6:4); (Is 46:9); (Jer 10:10); (Jn 17:3); (Ro 3:30); (1 Co 8:4,6); (Ef 4:6).

    (2) (1 R 8:27); (Sal 90:2; 139:7-10; 145:3); (Pr 15:3); (Is 40:28); (Jer 23:24; 32:27); (Lc 1:37); (Jn 5:26); (Hch 17:24-25); (Ro 11:33); (He 4:13); (1 Jn 3:20); (Ap 1:8).

    (3) (Ex 15:11); (1 S 2:2); (Is 6:3; 57:15); (Ap 4:8; 15:4).

    (4) (Nm 23:19); (Mal 3:6); (Stg 1:17).

    (5) (Pr 3:19); (Ro 16:27); (Jud 25).

    (6) (Ex 3:14); (1 Cr 29:11); (Sal 115:3; 135:6); (Is 46:9-10; 55:11); (Ef 1:11).

    (7) (Is 42:8; 48:11); (Ro 11:36); (Ap 4:11).

    (8) (Gn 18:25); (Dt 32:4); (Sal 7:11; 50:6); (Is 33:22); (2 Ti 4:8); (Stg 4:12).

    (9) (Ex 34:7); (Sal 5:4-6); (Nah 1:2-3); (Gá 6:7).

    (10) (Sal 36:7; 86:15; 145:8); (Jer 31:3); (Jn 3:16); (Ro 5:8); (1 Jn 4:8-10,16).

    (11) (Dt 7:9); (Sal 89:8); (1 Co 1:9); (2 Ti 2:13); (1 Jn 1:9).

    (12) (Nm 14:18); (Neh 9:17); (Sal 86:5; 103:8-12); (Nah 1:7); (Ro 2:4).

    (13) (1 Cr 28:9); (Jer 29:13); (Mt 7:8); (He 11:6).

  • Creo en la unidad de Dios en Trinidad y la Trinidad en unidad (1), creo en Dios el Padre (2), Dios el Hijo (3) y Dios el Espíritu Santo (4), sin confundir sus Personas ni dividir su Esencia.

    (1) (Gn 1:1-3); (Mt 28:19); (Jn 10:30; 14:16-17; 15:26); (2 Co 13:14).

    (2) (Mt 6:9,26); (Jn 1:12; 17:24); (1 Co 8:6); (Stg 1:17); (1 Jn 3:1).

    (3) (Jn 1:1,14; 5:26; 10:30); (He 1:5,8); (2 P 1:17); (1 Jn 5:20).

    (4) (Sal 143:10); (Ez 36:27); (Jn 14:16,26); (Hch 5:3-4); (2 Co 3:17).

  • Creo que Jesucristo es verdadero Dios (1) y verdadero hombre (2), sin confusión ni mezcla, ni división ni separación entre ambas naturalezas, siendo esta unión hipostática esencial para su función como único Mediador entre Dios y los hombres (3).

    (1) (Is 9:6); (Jn 20:28); (Ro 9:5); (Fil 2:6); (Col 2:9); (Tit 2:13); (He 1:8).

    (2) (Lc 2:52); (Jn 1:14); (Fil 2:7-8); (He 2:14,17).

    (3) (1 Ti 2:5); (He 8:6; 9:15; 12:24).

  • Creo en la soberanía y gracia de Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo en la creación (1), la providencia (2), la revelación (3), la elección (4), la salvación (5) y el juicio final (6), pues en Su sabiduría, poder y bondad infinitas sostiene (7), dirige, dispone y gobierna todas las criaturas, acciones y eventos, desde el más grande hasta el más pequeño, cumpliendo así Su propósito eterno (8) e inmutable (9) para Su propia gloria (10). En el plan eterno de Dios para salvación: Dios Padre ordena el plan de salvación (11), Dios Hijo efectúa dicho plan (12) y Dios Espíritu Santo aplica dicho plan (13). Todo esto no anula ni la voluntad de la criatura ni la responsabilidad moral del hombre, sino que asegura que Su plan redentor y soberano se cumpla para la gloria de Su nombre (14).

    (1) (Gn 1:1); (Neh 9:6); (Sal 19:1); (Jn 1:3); (He 1:2).

    (2) (1 Cr 29:11); (Sal 103:19; 147:8-9); (Pr 16:9); (Mt 6:26); (Hch 17:26-28); (Col 1:17).

    (3) (Sal 119:130); (Jer 33:3); (Mt 16:17); (Jn 14:26; 16:13-15); (2 Ti 3:16-17); (He 1:1-2).

    (4) (Dt 7:6-8); (Jn 15:16); (Hch 13:48); (Ro 8:29-30); (Ef 1:4-5,11); (2 Ts 2:13); (1 P 1:1-2).

    (5) (Is 30:18); (Ro 3:24; 5:15; 6:23); (Ef 2:4-9); (Tit 2:11-14); (1 P 5:10).

    (6) (Mt 12:36); (Hch 17:31); (Ro 2:16); (2 Ts 1:6-10); (He 9:27); (Ap 20:11-15).

    (7) (Neh 9:6); (Sal 145:15-16); (Hch 17:28); (He 1:3).

    (8) (Job 42:2); (Sal 33:11; 135:6); (Is 14:24; 46:10); (Dn 4:35); (Ro 11:36).

    (9) (Gn 50:20); (Hch 2:23; 4:27-28); (Fil 2:13).

    (10) (Sal 115:1); (Is 43:7); (Jn 12:28); (Ro 9:23); (Ef 1:6,12,14).

    (11) (Ef 1:3-6); (2 Ti 1:9); (1 P 1:2).

    (12) (Jn 1:14); (Fil 2:6-8); (1 Co 15:3-4); (He 9:12); (1 P 1:19-20).

    (13) (Jn 3:5-6); (Ro 8:9,14); (Ef 1:13-14); (2 Ts 2:13).

    (14) (Dt 29:29); (Ez 18:23,32); (Mt 23:37); (Ro 9:19-21); (1 P 1:17).

  • Creo en la divina inspiración de las Sagradas Escrituras y, por lo tanto, en su credibilidad total, suprema autoridad y sabiduría en todo lo que atañe a la fe y a la conducta (1), siendo dichas Escrituras la única regla común (2), inerrante (3), clara (4), necesaria (5), suficiente (6) y en armonía (7) de todo conocimiento, fe y obediencia para salvación del ser humano (8).

    (1) (Ex 24:3-4); (Is 8:20); (Jn 20:31); (Hch 17:11); (2 Ti 3:15-17); (2 P 1:20-21).

    (2) (Mt 5:18; 24:35); (Lc 16:17); (Jn 10:35); (Hch 1:16; 17:11); (1 Ts 2:13).

    (3) (Sal 19:7); (Jn 17:17); (Tit 1:2); (1 P 1:23-25).

    (4) (Dt 6:6-7); (Pr 6:23); (Mt 19:4); (Ef 1:17-18).

    (5) (Sal 119:105); (Mt 4:4); (Ro 10:13-17); (2 Co 4:3-4); (1 Ti 4:16).

    (6) (Dt 12:32; 29:29); (Pr 30:5-6); (2 Ti 3:16-17).

    (7) (Sal 119:160); (Lc 24:27,44).

    (8) (Jn 20:31); (Ro 15:4); (Col 3:16); (2 Ti 3:15).

  • Creo que en el principio agradó a Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo (1), para la manifestación de la gloria de su poder, sabiduría y bondad eternos (2), crear el universo y todas las cosas que en él están, ya sean visibles o invisibles (3). Que Dios creó al ser humano como varón y hembra con alma racional e inmortal y con la capacidad de tener relación con su Creador (4). Fueron creados a imagen de Dios, dotados de conocimiento, justicia y santidad verdadera (5), teniendo la ley de Dios escrita en su corazón y capacitados con poder para cumplirla (6).

    (1) (Gn 1:2); (Job 33:4); (Jn 1:2-3); (He 1:2).

    (2) (Sal 33:5-6; 104:24); (Pr 3:19); (Jer 10:12); (Ro 11:36).

    (3) (Gn 1:1-31; 2:1-3); (Neh 9:6); (Sal 148:2-5); (Jn 1:3); (Col 1:16); (Ap 4:11).

    (4) (Gn 1:27; 2:7); (Ec 12:7); (Mt 10:28; 19:4); (Stg 2:26).

    (5) (Gn 1:26-27; 9:6); (Ec 7:29); (Ef 4:24); (Col 3:10); (Stg 3:9).

    (6) (Gn 2:16-17); (Ec 7:29); (Ro 2:14-15).

  • Creo que Dios, siendo soberano y libre, no estaba obligado a relacionarse con su criatura más allá de lo que su santidad exigía (1). Sin embargo, agradó a Dios en su gracia condescender y establecer una relación formal y vinculante con el ser humano por medio de pactos (2), comprometiéndose Él mismo con promesas, condiciones y señales, gobernando así la historia de la redención de manera ordenada y progresiva (3). Todo pacto tiene su origen en la voluntad soberana de Dios, no en el mérito ni en la iniciativa de la criatura (4), y toda la historia de la salvación es la historia del cumplimiento fiel de sus pactos (5), hallando su plena consumación en Jesucristo, el Mediador del pacto (6).

    (1) (Job 35:7); (Sal 50:12); (Lc 17:10); (Ro 11:35).

    (2) (Gn 9:9-11; 15:18; 17:2); (Ex 19:5); (Jer 31:31-33); (Ez 37:26); (He 8:6).

    (3) (Gn 3:15; 12:1-3; 17:7); (2 S 7:12-14); (Is 42:6; 49:8).

    (4) (Dt 7:6-8); (Os 2:19-20); (Ro 9:11-16); (Ef 1:4-6).

    (5) (Sal 89:3-4,34); (Is 54:10); (Lc 1:68-73); (Ro 15:8); (2 Co 1:20).

    (6) (Is 42:6); (Lc 22:20); (He 7:22; 9:15; 12:24).

  • Creo que Dios hizo un pacto de vida con Adán como representante y cabeza federal de toda su descendencia (1), bajo la condición de obediencia perfecta a su ley, prometiendo vida para él y su posteridad en caso de cumplimiento (2), y advirtiendo muerte en caso de transgresión (3). Por su desobediencia, Adán quebrantó dicho pacto, trayendo sobre sí y sobre toda su descendencia muerte, culpa y corrupción (4).

    (1) (Gn 2:16-17); (Os 6:7); (Ro 5:12-14); (1 Co 15:22,45-49).

    (2) (Lv 18:5); (Ro 10:5); (Gá 3:12).

    (3) (Gn 2:17); (Ro 6:23).

    (4) (Gn 3:6-19); (Ro 5:12,18-19); (1 Co 15:21-22).

  • Creo que, habiendo quebrantado el ser humano el pacto de obras, agradó a Dios hacer un segundo pacto, llamado pacto de gracia (1), por el cual Él mismo ofrece gratuitamente a los pecadores vida y salvación por medio de Jesucristo, exigiéndoles fe en Él para ser salvos (2), y prometiendo dar su Espíritu Santo a todos los que ha elegido para que quieran y puedan creer (3). Este pacto fue administrado bajo distintas formas a lo largo de la historia redentora en promesas, profecías, sacrificios y ordenanzas en el Antiguo Testamento (4); y se cumple plenamente en Jesucristo y en la administración del Nuevo Testamento (5), siendo siempre uno y el mismo en sustancia (6).

    (1) (Gn 3:15); (Is 54:10); (Jer 31:31-33); (He 8:6-10).

    (2) (Jn 3:16); (Hch 16:31); (Ro 3:22-26); (Gá 3:22).

    (3) (Jn 6:44-45); (Ez 36:26-27); (Fil 1:29).

    (4) (Gn 12:1-3); (Ex 24:7-8); (He 9:1); (Gá 3:8,17).

    (5) (Lc 22:20); (2 Co 3:6-11); (He 9:15; 12:24).

    (6) (Ro 4:3,11,23-24); (Gá 3:16-17); (He 13:8).

  • Creo que el ser humano fue creado con poder para actuar en base a su propia voluntad, que no era forzada ni obligada a hacer el bien o el mal, y que por su propia voluntad pecó contra Dios desobedeciendo su mandato (1). El ser humano, por su Caída, en su estado de pecador, ha perdido toda capacidad para querer cualquier bien espiritual que acompañe a la salvación; por consiguiente, como hombre natural que está enteramente opuesto a ese bien y muerto en el pecado, no puede por sus propias fuerzas convertirse a sí mismo o prepararse para ello (2).

    (1) (Gn 3:6); (Dt 30:19); (Ec 7:29); (Stg 1:14).

    (2) (Jer 13:23; 17:9); (Mt 7:17-18; 12:33-37); (Jn 3:3,5; 5:40; 6:44,65; 8:34); (Ro 3:10-12,23; 7:18; 8:7-8); (1 Co 2:14); (2 Co 4:3-4); (Ef 2:1-3,8-9); (Stg 1:18).

  • Creo en la obra de Dios Padre en el pecador al elegirlo para salvación y predestinarlo (1), llamarlo eficazmente (2) para justificarlo y adoptarlo (3). Dicha obra continúa en ese creyente al proveerle, protegerle y sostenerle (4), concederle bendiciones espirituales (5), asegurarle la adopción como hijo (6), preservarle y guardarle en su gracia de manera que no caiga de forma final y definitiva, sino que persevere hasta el fin (7) y finalmente al glorificarle (8).

    (1) (Ef 1:4-5,11); (Ro 8:29-30); (2 Ts 2:13); (1 P 1:2).

    (2) (Jn 6:44); (Ro 8:30); (1 Co 1:9); (2 Ti 1:9).

    (3) (Ro 3:30; 8:33); (Gá 4:4-6); (1 Jn 3:1).

    (4) (Mt 6:26-30); (Sal 23:1-4); (Ro 8:28); (Ef 1:19-20).

    (5) (Ef 1:3-14).

    (6) (Ef 1:5); (Ro 8:15-16); (Gá 4:4-6).

    (7) (Jn 6:39-40; 10:28-29); (Ro 8:35-39); (Fil 1:6); (1 P 1:5); (Jud 24).

    (8) (Ro 8:30); (1 Co 15:51-52); (Fil 3:20-21); (2 Co 4:17).

  • Creo en la promesa dada por Dios al ser humano para redimirlo de dicha condición pecaminosa (1) y que el cumplimiento de dicha promesa fue en Jesucristo, el Hijo de Dios encarnado, en su sacrificio vicario como propiciación ante Dios para reconciliarnos con Él (2). Por eso, Jesucristo, por su obediencia y sacrificio, es el único y plenamente suficiente fundamento necesario de nuestra redención y salvación del pecado, tanto en su culpa como en su poder, así como de sus consecuencias eternas, siendo el único mediador entre Dios y el ser humano (3). La justificación del pecador es solamente por la gracia de Dios (4), por medio del arrepentimiento de sus pecados (5) y la fe en la obra de Jesucristo crucificado y resucitado de los muertos para salvación (6).

    (1) (Gn 3:15); (Ro 16:25-27); (Ef 3:5-6); (Tit 1:2); (He 1:1-2).

    (2) (Lv 17:11); (Is 53:4-11); (Mr 14:24); (Ro 5:10); (2 Co 5:18-21); (Gá 3:13); (Col 1:20); (1 Ti 2:6); (He 9:14); (1 P 2:24); (Ap 1:5; 5:9).

    (3) (Jn 14:6); (Hch 4:12); (Ro 1:3-4); (1 Co 1:30; 3:11); (Ef 1:7); (Col 1:13-14); (1 Ti 2:5-6); (He 7:25-28; 9:15; 10:12-14); (1 Jn 2:2).

    (4) (Hch 15:11); (Ro 3:24; 5:15,20-21); (Ef 2:8-9); (Tit 3:5-7).

    (5) (2 Cr 7:14); (Sal 51:17); (Pr 28:13); (Ez 18:32); (Jl 2:13); (Mt 4:17); (Lc 13:3; 24:47); (Hch 2:38; 3:19; 17:30); (2 Co 7:10); (1 Jn 1:9).

    (6) (Hab 2:4); (Mr 16:16); (Jn 3:15-16,36; 5:24; 6:40; 20:31); (Hch 10:43; 13:39; 16:31); (Ro 1:17; 3:27-28; 4:16,24; 5:1; 10:9); (Gá 2:16); (He 10:39); (1 Jn 5:4).

  • Creo en la obra de Dios Espíritu Santo, que regenera de forma soberana al pecador trayéndolo a una nueva vida espiritual (1), y que obra en ese nuevo nacido espiritual convenciéndolo de pecado, justicia y juicio (2), iluminando su entendimiento y guiándolo a la verdad (3), sellándolo en su salvación (4), morando en él (5), santificándolo (6), produciendo fruto (7), invistiéndolo de poder y dones para servir a Dios (8), dándole valentía en su profesión de fe y certeza de que es hijo de Dios por la adopción (9), ayudándole en la oración y fortaleciéndole en la debilidad (10).

    (1) (Jn 3:5); (Tit 3:4-7); (2 Co 5:5).

    (2) (Jn 16:7-8).

    (3) (Jn 16:13); (1 Co 2:10-12); (Ef 1:17-18); (1 Jn 2:20,27).

    (4) (Ef 1:13; 4:30); (2 Co 1:21-22).

    (5) (Jn 14:17); (Ro 8:11); (1 Co 6:19).

    (6) (Ro 15:16); (2 Co 3:18); (1 P 1:2).

    (7) (Gá 5:22-23); (Ro 5:5).

    (8) (Hch 1:8; 4:31); (Ro 15:19); (1 Co 12:4-11); (2 Ti 1:7); (1 Ts 1:5).

    (9) (Ro 8:15-16); (Gá 4:6).

    (10) (Ro 8:26-27); (Ef 3:16).

  • Creo que aquellos que son unidos a Cristo, tienen un nuevo corazón y espíritu, el cual ha sido creado en ellos en virtud de la muerte y la resurrección de Cristo (1), y que son santificados de un modo real y personal por su Palabra y Espíritu que mora en ellos (2). El dominio y gobierno del pecado es destruido y los deseos pecaminosos son debilitados y mortificados, de manera que el creyente es más y más vivificado y fortalecido en todas las virtudes salvadoras, para la práctica de toda verdadera santidad, sin la cual nadie verá al Señor (3).

    (1) (Jn 3:3-8); (Hch 26:18); (Ro 6:1-11); (1 Co 1:2); (Ef 1:1); (Col 3:12); (1 Jn 3:9-10).

    (2) (Jn 17:17); (Hch 20:32); (Ro 6:5-6,19,22; 8:13); (1 Co 6:11); (Ef 3:16-19; 5:24-27); (Fil 3:10); (1 Ts 5:23).

    (3) (Ro 6:13-14,22); (2 Co 7:1); (Gá 5:17,24); (Ef 4:22-25); (1 Ts 4:3); (He 12:14); (1 P 1:15-16).

  • Creo en el sacerdocio de todos los creyentes (1) y que son miembros del cuerpo de Cristo, siendo Cristo solamente la Cabeza de dicho cuerpo (2), por lo que todo creyente debe reflejar su participación como miembro del cuerpo de Cristo congregándose y siendo parte de una iglesia local que profese su fe en Jesucristo, predique el evangelio de Jesucristo y administre los sacramentos y ordenanzas establecidas por Cristo, a saber, la Santa Cena y el Bautismo (3), y tribute una verdadera adoración a Dios (4); así como su compromiso con el mandamiento de su Señor en la proclamación del evangelio en todo el mundo haciendo discípulos (5) y llevando mucho fruto (6).

    (1) (Is 61:6); (1 P 2:5,9); (Ap 1:6; 5:10; 20:6).

    (2) (Ro 12:4-8); (1 Co 12:12,27); (Ef 2:19-22; 4:11-13; 5:23,29-30); (Col 1:18,24; 2:19; 3:15).

    (3) (Mt 28:19); (Lc 22:19-20); (Hch 2:41-42); (1 Co 11:23-26).

    (4) (Mt 18:20); (Hch 20:7,28); (He 10:25); (1 Jn 1:3,7).

    (5) (Sal 105:1); (Mt 28:19-20); (Mr 16:15); (Hch 1:8; 13:47); (Ro 1:16); (2 Ti 4:2); (1 P 3:15).

    (6) (Jer 17:7-8); (Mt 3:8); (Jn 15:1-2,5,8,16); (Gá 5:22-23); (He 12:11); (Stg 3:18).

  • Creo que la ley moral de Dios, resumida en los Diez Mandamientos (1), es eterna e inmutable, y mantiene su autoridad perpetua sobre todos los hombres (2). La ley no tiene poder para salvar (3), pero cumple un triple propósito: demuestra la justicia y santidad de Dios revelando al hombre su incapacidad y pecado (4), restringe el mal en la sociedad (5), y sirve como una regla de vida indispensable para el creyente, mostrándole la voluntad de Dios para su santificación y obediencia (6).

    (1) (Ex 20:1-17); (Dt 5:6-21).

    (2) (Ec 12:13); (Mt 5:17-18); (Ro 3:31); (Stg 2:8,10-12); (1 Jn 3:4).

    (3) (Hch 13:39); (Ro 3:20; 8:3); (Gá 2:16; 3:11); (Fil 3:9).

    (4) (Sal 119:130); (Ro 3:19; 7:7,12); (1 Jn 1:8-10).

    (5) (Sal 119:11); (Pr 14:34); (Ro 13:3-4); (1 Ti 1:9-10).

    (6) (Sal 19:7-11; 119:1-5); (Jn 14:15; 15:10); (Ro 7:22; 8:4); (1 Co 7:19); (Stg 1:22-25); (1 Jn 2:3-6; 5:2-3).

  • Creo que la adoración ha de tributarse a Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo, y a Él solamente; no sin un mediador, ni por la mediación de ningún otro, sino solamente por medio de Cristo (1). Esta adoración es sólo a Dios y no a ángeles, santos, ni a ninguna otra criatura (2); ni a través de representaciones o imágenes, sino como es aceptable por Dios que sea adorado conforme a lo que Él mismo establece en su Palabra (3). Esta adoración que Dios exige a todo individuo puede realizarse por la oración con acción de gracias, pero para que pueda ser aceptada, debe hacerse en el nombre del Hijo, con la ayuda del Espíritu Santo (4). También puede realizarse por medio de la lectura de las Escrituras, la predicación y la audición de la Palabra de Dios, la instrucción y la amonestación de los unos a los otros por medio de salmos, himnos y cánticos espirituales, y la administración del bautismo y la Cena del Señor (5). Dicha adoración debe realizarse en obediencia a Él, en espíritu y verdad, con entendimiento, fe, reverencia, temor piadoso y humildad (6).

    (1) (Mt 4:9-10); (Jn 5:23; 14:6); (Ef 2:18); (1 Ti 2:5).

    (2) (Hch 10:25-26); (Ro 1:25); (Col 2:18); (Ap 19:10).

    (3) (Gn 4:3-5); (Ex 20:4-6); (Lv 10:1-3); (Dt 4:2; 12:29-32); (Jos 1:7; 23:6-8); (Mt 15:3,8-9,13); (Jn 4:23-24); (Col 2:20-23); (2 Ti 3:15-17).

    (4) (Gn 18:27); (Sal 95:1-7; 100:1-5); (Ec 5:1-2); (Jn 14:13-14); (Ro 8:26); (Ef 6:18); (Fil 4:6-7); (1 Ti 2:1); (He 12:28); (Stg 1:6-7; 5:16); (1 Jn 5:14).

    (5) (Mt 28:19-20); (Lc 8:18); (Hch 15:21); (1 Co 11:26); (Ef 5:19); (Col 3:16); (1 Ti 4:13); (2 Ti 4:2); (Ap 1:3).

    (6) (Jl 2:12); (Jn 4:23-24); (Hch 13:2-3); (1 Co 7:5).

  • Creo en la segunda venida de Cristo, corporal (1), personal (2), visible (3) y gloriosa (4), que consumará la historia y establecerá plenamente Su reino (5). En ese día habrá una resurrección corporal de justos e injustos (6), y Cristo presidirá el Juicio Final (7), donde los incrédulos serán condenados a la separación eterna de Dios (8) y los creyentes recibirán la glorificación (9) y heredarán la vida eterna en la presencia de Dios, en cielo nuevo y tierra nueva (10).

    (1) (Hch 1:11); (Fil 3:20-21).

    (2) (Jn 14:3); (1 Ts 4:16-17).

    (3) (Mt 24:30); (Ap 1:7).

    (4) (Mt 25:31); (2 Ts 1:7-10).

    (5) (Dn 7:13-14); (1 Co 15:23-24); (2 P 3:10-13); (Ap 11:15; 21:1-5; 22:3-5).

    (6) (Dn 12:2); (Jn 5:28-29); (Hch 24:15).

    (7) (Mt 25:31-32); (Hch 17:31); (2 Co 5:10).

    (8) (Mt 25:41); (2 Ts 1:8-9); (Ap 20:11-15).

    (9) (Ro 8:30); (1 Co 15:51-53); (Fil 3:20-21).

    (10) (Mt 25:34); (Jn 14:2-3); (2 P 3:13); (Ap 21:1-4).

Introducción

Esta Iglesia, como consecuencia de su carácter confesional, fundamenta su actuación en los siguientes principios proclamados y doctrinas que considera Doctrinas Fundamentales las cuales deben ser aceptadas por todos sus miembros e inspirar sus acciones.

Los cristianos evangélicos aceptamos la Revelación de Dios único como Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo, dadas en las Escrituras del Antiguo Testamento y del Nuevo Testamento y confesamos la fe del evangelio que se proclama en sus páginas.

Afirmamos, por consiguiente, las doctrinas que consideramos decisivas para comprender la fe cristiana y bíblica, que se deben expresar en amor, en el servicio cristiano práctico, y en la proclamación del evangelio por medio de este Credo:

1. Dios y sus atributos

Creo en un solo Dios, el único viviente y verdadero (1). Existe por sí mismo, es infinito y eterno en su ser y perfecciones, todopoderoso, omnisciente y omnipresente (2). Solo Él es santo (3), inmutable (4), sabio (5), absoluto, soberano y que hace todas las cosas según el consejo de su propia voluntad y para su propia gloria (6), la cual no comparte y sólo Él merece (7). Dios es juez de todo y justo en sus juicios (8). Aborrece todo pecado y de ninguna manera dará por inocente al culpable (9). También Dios es amoroso (10), fiel (11), benigno, bondadoso y misericordioso, perdonador de toda iniquidad, transgresión y pecado (12), galardonador de todos los que le buscan con diligencia (13).

(1) (Dt 6:4); (Is 46:9); (Jer 10:10); (Jn 17:3); (Ro 3:30); (1 Co 8:4,6); (Ef 4:6).

(2) (1 R 8:27); (Sal 90:2; 139:7-10; 145:3); (Pr 15:3); (Is 40:28); (Jer 23:24; 32:27); (Lc 1:37); (Jn 5:26); (Hch 17:24-25); (Ro 11:33); (He 4:13); (1 Jn 3:20); (Ap 1:8).

(3) (Ex 15:11); (1 S 2:2); (Is 6:3; 57:15); (Ap 4:8; 15:4).

(4) (Nm 23:19); (Mal 3:6); (Stg 1:17).

(5) (Pr 3:19); (Ro 16:27); (Jud 25).

(6) (Ex 3:14); (1 Cr 29:11); (Sal 115:3; 135:6); (Is 46:9-10; 55:11); (Ef 1:11).

(7) (Is 42:8; 48:11); (Ro 11:36); (Ap 4:11).

(8) (Gn 18:25); (Dt 32:4); (Sal 7:11; 50:6); (Is 33:22); (2 Ti 4:8); (Stg 4:12).

(9) (Ex 34:7); (Sal 5:4-6); (Nah 1:2-3); (Gá 6:7).

(10) (Sal 36:7; 86:15; 145:8); (Jer 31:3); (Jn 3:16); (Ro 5:8); (1 Jn 4:8-10,16).

(11) (Dt 7:9); (Sal 89:8); (1 Co 1:9); (2 Ti 2:13); (1 Jn 1:9).

(12) (Nm 14:18); (Neh 9:17); (Sal 86:5; 103:8-12); (Nah 1:7); (Ro 2:4).

(13) (1 Cr 28:9); (Jer 29:13); (Mt 7:8); (He 11:6).

2. Dios uno y trino

Creo en la unidad de Dios en Trinidad y la Trinidad en unidad (1), creo en Dios el Padre (2), Dios el Hijo (3) y Dios el Espíritu Santo (4), sin confundir sus Personas ni dividir su Esencia.

(1) (Gn 1:1-3); (Mt 28:19); (Jn 10:30; 14:16-17; 15:26); (2 Co 13:14).

(2) (Mt 6:9,26); (Jn 1:12; 17:24); (1 Co 8:6); (Stg 1:17); (1 Jn 3:1).

(3) (Jn 1:1,14; 5:26; 10:30); (He 1:5,8); (2 P 1:17); (1 Jn 5:20).

(4) (Sal 143:10); (Ez 36:27); (Jn 14:16,26); (Hch 5:3-4); (2 Co 3:17).

3. La doble naturaleza de Cristo

Creo que Jesucristo es verdadero Dios (1) y verdadero hombre (2), sin confusión ni mezcla, ni división ni separación entre ambas naturalezas, siendo esta unión hipostática esencial para su función como único Mediador entre Dios y los hombres (3).

(1) (Is 9:6); (Jn 20:28); (Ro 9:5); (Fil 2:6); (Col 2:9); (Tit 2:13); (He 1:8).

(2) (Lc 2:52); (Jn 1:14); (Fil 2:7-8); (He 2:14,17).

(3) (1 Ti 2:5); (He 8:6; 9:15; 12:24).

4. La soberanía y providencia de Dios

Creo en la soberanía y gracia de Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo en la creación (1), la providencia (2), la revelación (3), la elección (4), la salvación (5) y el juicio final (6), pues en Su sabiduría, poder y bondad infinitas sostiene (7), dirige, dispone y gobierna todas las criaturas, acciones y eventos, desde el más grande hasta el más pequeño, cumpliendo así Su propósito eterno (8) e inmutable (9) para Su propia gloria (10). En el plan eterno de Dios para salvación: Dios Padre ordena el plan de salvación (11), Dios Hijo efectúa dicho plan (12) y Dios Espíritu Santo aplica dicho plan (13). Todo esto no anula ni la voluntad de la criatura ni la responsabilidad moral del hombre, sino que asegura que Su plan redentor y soberano se cumpla para la gloria de Su nombre (14).

(1) (Gn 1:1); (Neh 9:6); (Sal 19:1); (Jn 1:3); (He 1:2).

(2) (1 Cr 29:11); (Sal 103:19; 147:8-9); (Pr 16:9); (Mt 6:26); (Hch 17:26-28); (Col 1:17).

(3) (Sal 119:130); (Jer 33:3); (Mt 16:17); (Jn 14:26; 16:13-15); (2 Ti 3:16-17); (He 1:1-2).

(4) (Dt 7:6-8); (Jn 15:16); (Hch 13:48); (Ro 8:29-30); (Ef 1:4-5,11); (2 Ts 2:13); (1 P 1:1-2).

(5) (Is 30:18); (Ro 3:24; 5:15; 6:23); (Ef 2:4-9); (Tit 2:11-14); (1 P 5:10).

(6) (Mt 12:36); (Hch 17:31); (Ro 2:16); (2 Ts 1:6-10); (He 9:27); (Ap 20:11-15).

(7) (Neh 9:6); (Sal 145:15-16); (Hch 17:28); (He 1:3).

(8) (Job 42:2); (Sal 33:11; 135:6); (Is 14:24; 46:10); (Dn 4:35); (Ro 11:36).

(9) (Gn 50:20); (Hch 2:23; 4:27-28); (Fil 2:13).

(10) (Sal 115:1); (Is 43:7); (Jn 12:28); (Ro 9:23); (Ef 1:6,12,14).

(11) (Ef 1:3-6); (2 Ti 1:9); (1 P 1:2).

(12) (Jn 1:14); (Fil 2:6-8); (1 Co 15:3-4); (He 9:12); (1 P 1:19-20).

(13) (Jn 3:5-6); (Ro 8:9,14); (Ef 1:13-14); (2 Ts 2:13).

(14) (Dt 29:29); (Ez 18:23,32); (Mt 23:37); (Ro 9:19-21); (1 P 1:17).

5. Las Sagradas Escrituras

Creo en la divina inspiración de las Sagradas Escrituras y, por lo tanto, en su credibilidad total, suprema autoridad y sabiduría en todo lo que atañe a la fe y a la conducta (1), siendo dichas Escrituras la única regla común (2), inerrante (3), clara (4), necesaria (5), suficiente (6) y en armonía (7) de todo conocimiento, fe y obediencia para salvación del ser humano (8).

(1) (Ex 24:3-4); (Is 8:20); (Jn 20:31); (Hch 17:11); (2 Ti 3:15-17); (2 P 1:20-21).

(2) (Mt 5:18; 24:35); (Lc 16:17); (Jn 10:35); (Hch 1:16; 17:11); (1 Ts 2:13).

(3) (Sal 19:7); (Jn 17:17); (Tit 1:2); (1 P 1:23-25).

(4) (Dt 6:6-7); (Pr 6:23); (Mt 19:4); (Ef 1:17-18).

(5) (Sal 119:105); (Mt 4:4); (Ro 10:13-17); (2 Co 4:3-4); (1 Ti 4:16).

(6) (Dt 12:32; 29:29); (Pr 30:5-6); (2 Ti 3:16-17).

(7) (Sal 119:160); (Lc 24:27,44).

(8) (Jn 20:31); (Ro 15:4); (Col 3:16); (2 Ti 3:15).

6. La creación

Creo que en el principio agradó a Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo (1), para la manifestación de la gloria de su poder, sabiduría y bondad eternos (2), crear el universo y todas las cosas que en él están, ya sean visibles o invisibles (3). Que Dios creó al ser humano como varón y hembra con alma racional e inmortal y con la capacidad de tener relación con su Creador (4). Fueron creados a imagen de Dios, dotados de conocimiento, justicia y santidad verdadera (5), teniendo la ley de Dios escrita en su corazón y capacitados con poder para cumplirla (6).

(1) (Gn 1:2); (Job 33:4); (Jn 1:2-3); (He 1:2).

(2) (Sal 33:5-6; 104:24); (Pr 3:19); (Jer 10:12); (Ro 11:36).

(3) (Gn 1:1-31; 2:1-3); (Neh 9:6); (Sal 148:2-5); (Jn 1:3); (Col 1:16); (Ap 4:11).

(4) (Gn 1:27; 2:7); (Ec 12:7); (Mt 10:28; 19:4); (Stg 2:26).

(5) (Gn 1:26-27; 9:6); (Ec 7:29); (Ef 4:24); (Col 3:10); (Stg 3:9).

(6) (Gn 2:16-17); (Ec 7:29); (Ro 2:14-15).

7. El Dios de pactos

Creo que Dios, siendo soberano y libre, no estaba obligado a relacionarse con su criatura más allá de lo que su santidad exigía (1). Sin embargo, agradó a Dios en su gracia condescender y establecer una relación formal y vinculante con el ser humano por medio de pactos (2), comprometiéndose Él mismo con promesas, condiciones y señales, gobernando así la historia de la redención de manera ordenada y progresiva (3). Todo pacto tiene su origen en la voluntad soberana de Dios, no en el mérito ni en la iniciativa de la criatura (4), y toda la historia de la salvación es la historia del cumplimiento fiel de sus pactos (5), hallando su plena consumación en Jesucristo, el Mediador del pacto (6).

(1) (Job 35:7); (Sal 50:12); (Lc 17:10); (Ro 11:35).

(2) (Gn 9:9-11; 15:18; 17:2); (Ex 19:5); (Jer 31:31-33); (Ez 37:26); (He 8:6).

(3) (Gn 3:15; 12:1-3; 17:7); (2 S 7:12-14); (Is 42:6; 49:8).

(4) (Dt 7:6-8); (Os 2:19-20); (Ro 9:11-16); (Ef 1:4-6).

(5) (Sal 89:3-4,34); (Is 54:10); (Lc 1:68-73); (Ro 15:8); (2 Co 1:20).

(6) (Is 42:6); (Lc 22:20); (He 7:22; 9:15; 12:24).

8. El Pacto de Obras

Creo que Dios hizo un pacto de vida con Adán como representante y cabeza federal de toda su descendencia (1), bajo la condición de obediencia perfecta a su ley, prometiendo vida para él y su posteridad en caso de cumplimiento (2), y advirtiendo muerte en caso de transgresión (3). Por su desobediencia, Adán quebrantó dicho pacto, trayendo sobre sí y sobre toda su descendencia muerte, culpa y corrupción (4).

(1) (Gn 2:16-17); (Os 6:7); (Ro 5:12-14); (1 Co 15:22,45-49).

(2) (Lv 18:5); (Ro 10:5); (Gá 3:12).

(3) (Gn 2:17); (Ro 6:23).

(4) (Gn 3:6-19); (Ro 5:12,18-19); (1 Co 15:21-22).

9. El Pacto de Gracia

Creo que, habiendo quebrantado el ser humano el pacto de obras, agradó a Dios hacer un segundo pacto, llamado pacto de gracia (1), por el cual Él mismo ofrece gratuitamente a los pecadores vida y salvación por medio de Jesucristo, exigiéndoles fe en Él para ser salvos (2), y prometiendo dar su Espíritu Santo a todos los que ha elegido para que quieran y puedan creer (3). Este pacto fue administrado bajo distintas formas a lo largo de la historia redentora en promesas, profecías, sacrificios y ordenanzas en el Antiguo Testamento (4); y se cumple plenamente en Jesucristo y en la administración del Nuevo Testamento (5), siendo siempre uno y el mismo en sustancia (6).

(1) (Gn 3:15); (Is 54:10); (Jer 31:31-33); (He 8:6-10).

(2) (Jn 3:16); (Hch 16:31); (Ro 3:22-26); (Gá 3:22).

(3) (Jn 6:44-45); (Ez 36:26-27); (Fil 1:29).

(4) (Gn 12:1-3); (Ex 24:7-8); (He 9:1); (Gá 3:8,17).

(5) (Lc 22:20); (2 Co 3:6-11); (He 9:15; 12:24).

(6) (Ro 4:3,11,23-24); (Gá 3:16-17); (He 13:8).

10. La caída del ser humano

Creo que el ser humano fue creado con poder para actuar en base a su propia voluntad, que no era forzada ni obligada a hacer el bien o el mal, y que por su propia voluntad pecó contra Dios desobedeciendo su mandato (1). El ser humano, por su Caída, en su estado de pecador, ha perdido toda capacidad para querer cualquier bien espiritual que acompañe a la salvación; por consiguiente, como hombre natural que está enteramente opuesto a ese bien y muerto en el pecado, no puede por sus propias fuerzas convertirse a sí mismo o prepararse para ello (2).

(1) (Gn 3:6); (Dt 30:19); (Ec 7:29); (Stg 1:14).

(2) (Jer 13:23; 17:9); (Mt 7:17-18; 12:33-37); (Jn 3:3,5; 5:40; 6:44,65; 8:34); (Ro 3:10-12,23; 7:18; 8:7-8); (1 Co 2:14); (2 Co 4:3-4); (Ef 2:1-3,8-9); (Stg 1:18).

11. La obra del Padre

Creo en la obra de Dios Padre en el pecador al elegirlo para salvación y predestinarlo (1), llamarlo eficazmente (2) para justificarlo y adoptarlo (3). Dicha obra continúa en ese creyente al proveerle, protegerle y sostenerle (4), concederle bendiciones espirituales (5), asegurarle la adopción como hijo (6), preservarle y guardarle en su gracia de manera que no caiga de forma final y definitiva, sino que persevere hasta el fin (7) y finalmente al glorificarle (8).

(1) (Ef 1:4-5,11); (Ro 8:29-30); (2 Ts 2:13); (1 P 1:2).

(2) (Jn 6:44); (Ro 8:30); (1 Co 1:9); (2 Ti 1:9).

(3) (Ro 3:30; 8:33); (Gá 4:4-6); (1 Jn 3:1).

(4) (Mt 6:26-30); (Sal 23:1-4); (Ro 8:28); (Ef 1:19-20).

(5) (Ef 1:3-14).

(6) (Ef 1:5); (Ro 8:15-16); (Gá 4:4-6).

(7) (Jn 6:39-40; 10:28-29); (Ro 8:35-39); (Fil 1:6); (1 P 1:5); (Jud 24).

(8) (Ro 8:30); (1 Co 15:51-52); (Fil 3:20-21); (2 Co 4:17).

12. La obra del Hijo

Creo en la promesa dada por Dios al ser humano para redimirlo de dicha condición pecaminosa (1) y que el cumplimiento de dicha promesa fue en Jesucristo, el Hijo de Dios encarnado, en su sacrificio vicario como propiciación ante Dios para reconciliarnos con Él (2). Por eso, Jesucristo, por su obediencia y sacrificio, es el único y plenamente suficiente fundamento necesario de nuestra redención y salvación del pecado, tanto en su culpa como en su poder, así como de sus consecuencias eternas, siendo el único mediador entre Dios y el ser humano (3). La justificación del pecador es solamente por la gracia de Dios (4), por medio del arrepentimiento de sus pecados (5) y la fe en la obra de Jesucristo crucificado y resucitado de los muertos para salvación (6).

(1) (Gn 3:15); (Ro 16:25-27); (Ef 3:5-6); (Tit 1:2); (He 1:1-2).

(2) (Lv 17:11); (Is 53:4-11); (Mr 14:24); (Ro 5:10); (2 Co 5:18-21); (Gá 3:13); (Col 1:20); (1 Ti 2:6); (He 9:14); (1 P 2:24); (Ap 1:5; 5:9).

(3) (Jn 14:6); (Hch 4:12); (Ro 1:3-4); (1 Co 1:30; 3:11); (Ef 1:7); (Col 1:13-14); (1 Ti 2:5-6); (He 7:25-28; 9:15; 10:12-14); (1 Jn 2:2).

(4) (Hch 15:11); (Ro 3:24; 5:15,20-21); (Ef 2:8-9); (Tit 3:5-7).

(5) (2 Cr 7:14); (Sal 51:17); (Pr 28:13); (Ez 18:32); (Jl 2:13); (Mt 4:17); (Lc 13:3; 24:47); (Hch 2:38; 3:19; 17:30); (2 Co 7:10); (1 Jn 1:9).

(6) (Hab 2:4); (Mr 16:16); (Jn 3:15-16,36; 5:24; 6:40; 20:31); (Hch 10:43; 13:39; 16:31); (Ro 1:17; 3:27-28; 4:16,24; 5:1; 10:9); (Gá 2:16); (He 10:39); (1 Jn 5:4).

13. La obra del Espíritu Santo

Creo en la obra de Dios Espíritu Santo, que regenera de forma soberana al pecador trayéndolo a una nueva vida espiritual (1), y que obra en ese nuevo nacido espiritual convenciéndolo de pecado, justicia y juicio (2), iluminando su entendimiento y guiándolo a la verdad (3), sellándolo en su salvación (4), morando en él (5), santificándolo (6), produciendo fruto (7), invistiéndolo de poder y dones para servir a Dios (8), dándole valentía en su profesión de fe y certeza de que es hijo de Dios por la adopción (9), ayudándole en la oración y fortaleciéndole en la debilidad (10).

(1) (Jn 3:5); (Tit 3:4-7); (2 Co 5:5).

(2) (Jn 16:7-8).

(3) (Jn 16:13); (1 Co 2:10-12); (Ef 1:17-18); (1 Jn 2:20,27).

(4) (Ef 1:13; 4:30); (2 Co 1:21-22).

(5) (Jn 14:17); (Ro 8:11); (1 Co 6:19).

(6) (Ro 15:16); (2 Co 3:18); (1 P 1:2).

(7) (Gá 5:22-23); (Ro 5:5).

(8) (Hch 1:8; 4:31); (Ro 15:19); (1 Co 12:4-11); (2 Ti 1:7); (1 Ts 1:5).

(9) (Ro 8:15-16); (Gá 4:6).

(10) (Ro 8:26-27); (Ef 3:16).

14. La santificación

Creo que aquellos que son unidos a Cristo, tienen un nuevo corazón y espíritu, el cual ha sido creado en ellos en virtud de la muerte y la resurrección de Cristo (1), y que son santificados de un modo real y personal por su Palabra y Espíritu que mora en ellos (2). El dominio y gobierno del pecado es destruido y los deseos pecaminosos son debilitados y mortificados, de manera que el creyente es más y más vivificado y fortalecido en todas las virtudes salvadoras, para la práctica de toda verdadera santidad, sin la cual nadie verá al Señor (3).

(1) (Jn 3:3-8); (Hch 26:18); (Ro 6:1-11); (1 Co 1:2); (Ef 1:1); (Col 3:12); (1 Jn 3:9-10).

(2) (Jn 17:17); (Hch 20:32); (Ro 6:5-6,19,22; 8:13); (1 Co 6:11); (Ef 3:16-19; 5:24-27); (Fil 3:10); (1 Ts 5:23).

(3) (Ro 6:13-14,22); (2 Co 7:1); (Gá 5:17,24); (Ef 4:22-25); (1 Ts 4:3); (He 12:14); (1 P 1:15-16).

15. La iglesia de Jesucristo

Creo en el sacerdocio de todos los creyentes (1) y que son miembros del cuerpo de Cristo, siendo Cristo solamente la Cabeza de dicho cuerpo (2), por lo que todo creyente debe reflejar su participación como miembro del cuerpo de Cristo congregándose y siendo parte de una iglesia local que profese su fe en Jesucristo, predique el evangelio de Jesucristo y administre los sacramentos y ordenanzas establecidas por Cristo, a saber, la Santa Cena y el Bautismo (3), y tribute una verdadera adoración a Dios (4); así como su compromiso con el mandamiento de su Señor en la proclamación del evangelio en todo el mundo haciendo discípulos (5) y llevando mucho fruto (6).

(1) (Is 61:6); (1 P 2:5,9); (Ap 1:6; 5:10; 20:6).

(2) (Ro 12:4-8); (1 Co 12:12,27); (Ef 2:19-22; 4:11-13; 5:23,29-30); (Col 1:18,24; 2:19; 3:15).

(3) (Mt 28:19); (Lc 22:19-20); (Hch 2:41-42); (1 Co 11:23-26).

(4) (Mt 18:20); (Hch 20:7,28); (He 10:25); (1 Jn 1:3,7).

(5) (Sal 105:1); (Mt 28:19-20); (Mr 16:15); (Hch 1:8; 13:47); (Ro 1:16); (2 Ti 4:2); (1 P 3:15).

(6) (Jer 17:7-8); (Mt 3:8); (Jn 15:1-2,5,8,16); (Gá 5:22-23); (He 12:11); (Stg 3:18).

16. La ley moral de Dios

Creo que la ley moral de Dios, resumida en los Diez Mandamientos (1), es eterna e inmutable, y mantiene su autoridad perpetua sobre todos los hombres (2). La ley no tiene poder para salvar (3), pero cumple un triple propósito: demuestra la justicia y santidad de Dios revelando al hombre su incapacidad y pecado (4), restringe el mal en la sociedad (5), y sirve como una regla de vida indispensable para el creyente, mostrándole la voluntad de Dios para su santificación y obediencia (6).

(1) (Ex 20:1-17); (Dt 5:6-21).

(2) (Ec 12:13); (Mt 5:17-18); (Ro 3:31); (Stg 2:8,10-12); (1 Jn 3:4).

(3) (Hch 13:39); (Ro 3:20; 8:3); (Gá 2:16; 3:11); (Fil 3:9).

(4) (Sal 119:130); (Ro 3:19; 7:7,12); (1 Jn 1:8-10).

(5) (Sal 119:11); (Pr 14:34); (Ro 13:3-4); (1 Ti 1:9-10).

(6) (Sal 19:7-11; 119:1-5); (Jn 14:15; 15:10); (Ro 7:22; 8:4); (1 Co 7:19); (Stg 1:22-25); (1 Jn 2:3-6; 5:2-3).

17. La adoración a Dios

Creo que la adoración ha de tributarse a Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo, y a Él solamente; no sin un mediador, ni por la mediación de ningún otro, sino solamente por medio de Cristo (1). Esta adoración es sólo a Dios y no a ángeles, santos, ni a ninguna otra criatura (2); ni a través de representaciones o imágenes, sino como es aceptable por Dios que sea adorado conforme a lo que Él mismo establece en su Palabra (3). Esta adoración que Dios exige a todo individuo puede realizarse por la oración con acción de gracias, pero para que pueda ser aceptada, debe hacerse en el nombre del Hijo, con la ayuda del Espíritu Santo (4). También puede realizarse por medio de la lectura de las Escrituras, la predicación y la audición de la Palabra de Dios, la instrucción y la amonestación de los unos a los otros por medio de salmos, himnos y cánticos espirituales, y la administración del bautismo y la Cena del Señor (5). Dicha adoración debe realizarse en obediencia a Él, en espíritu y verdad, con entendimiento, fe, reverencia, temor piadoso y humildad (6).

(1) (Mt 4:9-10); (Jn 5:23; 14:6); (Ef 2:18); (1 Ti 2:5).

(2) (Hch 10:25-26); (Ro 1:25); (Col 2:18); (Ap 19:10).

(3) (Gn 4:3-5); (Ex 20:4-6); (Lv 10:1-3); (Dt 4:2; 12:29-32); (Jos 1:7; 23:6-8); (Mt 15:3,8-9,13); (Jn 4:23-24); (Col 2:20-23); (2 Ti 3:15-17).

(4) (Gn 18:27); (Sal 95:1-7; 100:1-5); (Ec 5:1-2); (Jn 14:13-14); (Ro 8:26); (Ef 6:18); (Fil 4:6-7); (1 Ti 2:1); (He 12:28); (Stg 1:6-7; 5:16); (1 Jn 5:14).

(5) (Mt 28:19-20); (Lc 8:18); (Hch 15:21); (1 Co 11:26); (Ef 5:19); (Col 3:16); (1 Ti 4:13); (2 Ti 4:2); (Ap 1:3).

(6) (Jl 2:12); (Jn 4:23-24); (Hch 13:2-3); (1 Co 7:5).

18. La Segunda Venida, resurrección y juicio final

Creo en la segunda venida de Cristo, corporal (1), personal (2), visible (3) y gloriosa (4), que consumará la historia y establecerá plenamente Su reino (5). En ese día habrá una resurrección corporal de justos e injustos (6), y Cristo presidirá el Juicio Final (7), donde los incrédulos serán condenados a la separación eterna de Dios (8) y los creyentes recibirán la glorificación (9) y heredarán la vida eterna en la presencia de Dios, en cielo nuevo y tierra nueva (10).

(1) (Hch 1:11); (Fil 3:20-21).

(2) (Jn 14:3); (1 Ts 4:16-17).

(3) (Mt 24:30); (Ap 1:7).

(4) (Mt 25:31); (2 Ts 1:7-10).

(5) (Dn 7:13-14); (1 Co 15:23-24); (2 P 3:10-13); (Ap 11:15; 21:1-5; 22:3-5).

(6) (Dn 12:2); (Jn 5:28-29); (Hch 24:15).

(7) (Mt 25:31-32); (Hch 17:31); (2 Co 5:10).

(8) (Mt 25:41); (2 Ts 1:8-9); (Ap 20:11-15).

(9) (Ro 8:30); (1 Co 15:51-53); (Fil 3:20-21).

(10) (Mt 25:34); (Jn 14:2-3); (2 P 3:13); (Ap 21:1-4).